Reseña

Policías y bandidos: Una serie de género negro que lucha por ganarse su espacio por Emilio Alberto Restrepo

La Ciudad como protagonista

El género negro es fundamentalmente urbano, ya que la mayoría de su acontecer transcurre en ambientes de ciudad y se preocupa de manera particular en explorar su entorno. En la propuesta más contemporánea, aunque expresada desde la primera mitad del siglo XX en los representantes más estigmáticos, se hace énfasis en lo citadino y en lo que puede perturbar el de por sí ya enrarecido ambiente de la urbe: la corrupción, el odio, el racismo, la homofobia, la insolidaridad, toda clase de abusos y discriminaciones, el tráfico de drogas, la explotación sexual o laboral y un etcétera interminable y sazonado de toda clase de matices. 

Desde los mismos inicios de la literatura policial, ha existido una estrecha relación con la ciudad, creciendo y desarrollándose ambas en paralelo, dando cuenta la primera de los vicios y pecados de la segunda, directamente proporcionales al desaforado aumento de su población y extensión. Aunque en sus orígenes y épocas de más esplendor solía ubicarse en recintos rurales (Agatha Christie, Conan Doyle, Georges Simenon, G. K. Chesterton), la irrupción del hard-boiled (años 20 y 30 del siglo XX) la situó en un entorno eminentemente urbano, hasta el punto de establecer una relación simbiótica entre la una y la otra, con personajes (detectives) que se movilizaban exclusivamente en ambientes duros y tensos de sus respectivas ciudades. Esta vinculación narrativa hace un especial énfasis en lo social, en los aspectos que enturbian el comportamiento de los ciudadanos, lo cual puede incluso superar a los personajes y a la trama de la novela, lo que nos permite establecer el triángulo estructural que define a la novela negra: historia, personajes y entorno. No se puede concebir una obra definitiva si alguno de los componentes no está presente. Los autores más reconocidos lo tienen muy claro, y eso les ha permitido alcanzar un sólido prestigio y un gran reconocimiento en todo el mundo, no sólo en la literatura de entretenimiento popular (los “pulps”) sino en las letras en general, hasta el punto que autores como Ricardo Piglia, sin pretender exagerar, pone a R. Chandler a la altura de Hemingway, Joyce, Brecht o Borges. Y no se sonroja por ello. 

En este sentido la novela de crimen (policial, negra, de intriga, de enigma) nos pinta la ciudad, nos permite conocer sus rincones más oscuros, su aspecto más pecaminoso y sus costumbres más ocultas y abyectas. Esto es particularmente válido para autores de obra con detective y ciudad, como Dashiell Hammett, Raymon Chandler y Ross Macdonald.

América latina llegó más tarde a la novela negra, aunque hay que reconocer que con menos presencia, sobre todo en la concepción del protagonista de saga, el detective, que en la literatura anglosajona tiene una marcada presencia, en cine y literatura, personajes que muchas veces se hicieron más populares que sus mismos autores. No sobra referenciar a Sherlock Holmes, Poirot, Miss Marple, Sam Spade, Marlowe, el Padre Brown y tantos otros que hacen ya parte de la cultura popular universal, trascendiendo fronteras, idiomas y culturas. 

En el ámbito latino podemos referenciar a varios narradores preponderantemente urbanos: Sergio Ramírez(Nicaragua) y su personaje el inspector Dolores Morales, Paco Ignacio Taibo II (México) y su detective Héctor Belascoáran Shayne,  Leonardo Padura(Cuba) y su detective ex policía Mario Conde,  Fernando López(Argentina) y su juez Alejandro Barón Roca,  Ramón Díaz Eterovic (Chile) y su investigador Heredia, Elmer Mendoza(México) y su detective Edgar El Zurdo Mendieta o Roberto Ampuero y su detective privado Cayetano Brulé, quienes ubican en sus respectivas capitales a sus personajes, aprovechando para hacer una disección social de ellas; en cuanto al espacio, insistimos, la naturaleza de la novela negra implica sitios urbanos que retratar: la calle, los antros, las oficinas, los burdeles, los estadios, las cafeterías, los edificios, los bares. Es en dicho medio en donde se encuentran con mayor vigor la gran mayoría de las contradicciones sociales del mundo actual, no sólo como  decorado o marco de la acción, puesto que en este entorno hay una enorme variedad de personajes, sitios y ambientes, y se da además la mayor tasa de criminalidad con delitos constantes y de todos los pelambres, sino como determinante social, porque como forma narrativa contemporánea el relato negro no se puede sustraer a la presencia del componente urbano que es, en las sociedades modernas, la pieza básica de la organización vital y social. Y no importa que en este caso sean ciudades de países en desarrollo. Por el contrario, les agrega el “color local”, la ciudad latinoamericana con todas sus contradicciones y características de identidad social, política  y antropológica.

El detective

Así como Philip Marlowe está indisolublemente ligado a Los Ángeles, Sherlock Holmes tiene su Londres y Pepe Carvalho y Ricardo Méndez tienen su Barcelona, los autores latinoamericanos citados conjugan de primera mano lo mejor y lo peor de sus respectivas capitales, y esto lo hacen notar Taibo,  Padura y el resto de autores citados en sus novelas, describiendo pormenorizadamente el interactuar de sus personajes en estas ciudades llenas de contrastes y desigualdades. Hago notar que los escritores referenciados, si bien comparten con los autores clásicos anglosajones los elementos básicos de los detectives de ficción, se caracterizan porque introducen algunos nuevos en los que sobresalen el desarrollo de personajes complicados, con tensiones existenciales que desbordan las tradicionales y el papel de la ciudad como escenario central de la trama que establece una nueva relación entre el personaje-detective y el espacio urbano hispanoamericano, en ciudades complejas, conflictivas y de una voracidad que marca el devenir de sus habitantes. Estos autores retoman al detective y el delito como elementos centrales del género y crean una serie en torno a un investigador, con una personalidad, unos gustos y una manera de actuar muy caracterizada y definida, que le ha dado a sus personajes (y por ende a los autores), un amplio reconocimiento que va más allá de los lectores especializados del estilo y han trascendido al ámbito de la literatura local para considerarse globales y mediáticos, multi-premiados (Por ejemplo, Padura es Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015) y cuentan con un gran valoración académica y un indiscutible respeto en lo puramente literario. 

En este momento, se trata de una obra ya estructurada, madura y de amplio reconocimiento internacional, en lo mediático y lo académico. Taibo II, específicamente con su personaje Belascoarán, sus métodos, su entorno social y afectivo, su relación estrecha y contradictoria con la violencia y la solidaridad de la ciudad de México, ya figura en una saga de 9 novelas. Así mismo, el detective Mario Conde de Padura desde su óptica de empleado policial que recorre La Habana enfrentado a sus fantasmas, sus carencias, su pasado, sus amores y su afición por la música y la literatura, en un ambiente de crimen que se tiñe de corrupción a muchos niveles, en una colección de 9 novelas. Heredia Figura en 12 libros, el juez Barón en 5, el Zurdo Mendieta en 5, Cayetano Brulé en 7 títulos; casi todos estos personajes han tenido gran aceptación comercial y de crítica y muchos han sido llevados al cine. 

POLICÍAS Y BANDIDOS EN SERIE EDITORIAL

A partir del año 2015, la Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana (U.P.B.), de Medellín, Colombia, en su sello POLICÍAS Y BANDIDOS se fijó la meta de patrocinar una colección de novela policial con autores locales, haciendo énfasis en la continuidad, pero sobre todo apostando a una calidad literaria destacada, con una temática que privilegiara lo urbano, dejando memoria histórica  de la ciudad, en este caso casi siempre Medellín, aunque se tuviera que hablar de lo oscuro, de lo recóndito, de lo pecaminoso, como es usual en este género.

El Fondo Editorial de dicha Universidad presenta una colección dedicada a inspectores, fiscales, detectives, policías y bandidos. Y en el fondo, siempre La Ciudad. Con esta serie, se le quiere dar impulso a la novela negra en Colombia, en una gran apuesta. Se trata de publicar novelas de personaje definido, en sagas que cuenten a través de sus entregas anuales nuevas aventuras de estos investigadores que poco a poco se han ido posesionando en el competido mercado editorial. Y en justicia, es una novedad: es la única serie en Colombia dedicada a la literatura policiaca y al género negro, con personajes de colección. Toda una revelación editorial, digna de ser apoyada. 

En la presentación de esta colección, expresé las siguientes palabras: “la producción de novela negra en Colombia es más una excepción que una regla y obedece casi siempre a las iniciativas aisladas y muchas veces personales, que no configuran un movimiento literario como tal, a pesar de que en todo el mundo se esté experimentando un nuevo auge, con escritores de oficio y lectores fieles que responden con creces a las expectativas del mercado “.

Insistí, igualmente, que “la novela negra explora el mundo profesional del crimen, haciendo una disección de su entorno, preponderantemente urbano, profundizando en las características más oscuras y abyectas de la Ciudad y de la sociedad. En ella, el objetivo no es sólo resolver el crimen, responder a las preguntas de quién y cómo, sino saber el dónde y el porqué, yendo más allá de lo aparente, dándole la importancia debida a los hechos y las cosas que rodean el misterio, recordando que detrás de él, siempre hay unos seres humanos derrotados y en decadencia y otros que se obstinan en aproximarse a la verdad, no importa lo dolorosa que sea lo que se paga por ello”. “Nuestro país es una cantera inagotable de ideas, de historias, de referentes y ejemplos. Y es una nación de contrastes, de riqueza y de pobreza, de bondad y de maldad, de pujanza e indolencia, de solidaridad y abandono. Las historias fluyen por todas las esquinas, surgen por generación espontánea en los barrios, en el centro, en los bares, en la universidad, en los antros”.

En mi concepto, esta colección del Fondo Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana, “marca un hito”, porque apoya la producción local con sagas de personaje, con escritores antioqueños que sin complejos de inferioridad escriben para un mundo globalizado, pintando desde adentro un entorno de ciudad que padecen y conocen, con detectives originales que historia tras historia narran los entresijos de esa urbe despiadada que ruge bajo los pies de una metrópoli caótica e indiferente, con un humor irreverente y una ironía que les da una mirada muy particular.

La Editorial define la serie Policías & Bandidos como un esfuerzo coherente y riguroso en el que ya hay publicados dos libros de cada uno de los personajes, con la idea de que se extienda, “dándoles continuidad a través de las historias contenidas en novelas cortas que privilegian el entretenimiento y la complicidad con el lector “.

En el primer momento de la colección se reseñó: el ex inspector Rambert, de Memo Ánjel , el fiscal Oscar Rosado, de John Saldarriaga , “que hurga en los rincones oscuros de Medellín para resolver sus diversos casos” y Joaquín Tornado, de Emilio Alberto Restrepo , “contratado para investigar el crimen de un futbolista de élite que juega en Europa y que regresan a una víctima de un atentado, para intentar la liberación de un secuestrado, para seguirle la pista al robo de arte y una serie compleja de enredos”. Además, una novedad: una autora mujer, con un personaje femenino: la escritora Verónica Villa con Marina, una guardia de seguridad que resuelve crímenes. Hasta ahora van publicados 12 libros de estos personajes. El último en incorporarse fue Luis Fernando Macías con su personaje Aurelio. Y se plantean 4 nuevos números para el 2020, incluido el presente volumen.

Es un objetivo claro de la editorial que al terminar de leer su cada una de los números lanzados hasta la fecha, el lector quede con la sensación de que el autor cumple lo que promete, la exposición de un detective profundamente humano, con sus defectos y virtudes y su relación conflictiva y contradictoria con la ciudad, reivindicando la naturaleza de su literatura, descriptiva, cuestionadora y testimonial, mientras establece una aproximación con elementos críticos y socio-antropológicos que no dejan de lado el entretenimiento y la función de recreación de la memoria colectiva que tiene la novela, mientras asume su compromiso de ser literatura de primer orden. Y con su dosis de buen humor y en un lenguaje que trata de apartarse del abuso de los localismos para su disfrute global.

La colección busca, usando la figura del detective como una disculpa, afrontar su verdadera intención: desenmascarar los pecados de unas ciudades que aman y padecen, que vibran y sufren en proporciones equilibradas. Proponer las ciudades latinoamericanas como escenarios alternativos de un género que, hasta ahora, con las notables excepciones citadas, ha sido contado en idiomas distintos al español (en inglés, en sueco o en francés, entre otros).  Para los que conocen y han disfrutado del género, les permite ratificar lo que al principio sospechaban: los límites se han perdido, las barreras entre los géneros son cada vez más imperceptibles y lo que antes se consideraba una “especie menor”, hoy se codea con la gran literatura, la que pretende ahondar sobre el estudio del alma humana, o en el juego de palabras, “el ánima urbana”.

Como dicen sus editores y autores en las presentaciones, están muy comprometidos con la colección, la asumen con coherencia y sin complejos tercermundistas, tienen metas a largo plazo porque asumen que se trata de “novela negra de calidad, de Medellín para el mundo”.

Médico, especialista en Gineco-obstetricia y en Laparoscopia Ginecológica.(U.P.B. , U. de A. , CES, Respectivamente). Profesor, conferencista de su especialidad. Autor de cerca de 20 artículos médicos. Ha sido colaborador de los periódicos LA HOJA, CAMBIO, EL MUNDO, y MOMENTO MÉDICO, UNIVERSOCENTRO. Tiene publicados los libros “TEXTOS PARA PERVERTIR A LA JUVENTUD”, ganador de un concurso de poesía en la U. de A. (Dos ediciones) y la novela “LOS CÍRCULOS PERPETUOS”, finalista en el concurso de novela breve “Álvaro Cepeda Samudio” (Cuatro ediciones). Ganador de la III convocatoria de proyectos culturales del Municipio de Medellín con la novela “EL PABELLON DE LA MANDRAGORA”, (2 ediciones). Actualmente circulan sus novelas “LA MILONGA DEL BANDIDO” Y “QUE ME QUEDA DE TI SINO EL OLVIDO”, 2da edición, ganadora del concurso de novela Talentos Ciudad de Envigado, 2008. Actualmente circula su novela “CRÓNICA DE UN PROCESO” publicada por la Universidad CES. En 2012, Ediciones B publicó un libro con 2 novelas cortas de género negro: DESPUÉS DE ISABEL, EL INFIERNO y ¿ALGUIEN HA VISTO EL ENTIERRO DE UN CHINO? En 2013 publicó DE CÓMO LES CRECIÓ EL CUELLO A LAS JIRAFAS; Este libro fue seleccionado por Uranito Ediciones de Argentina para su publicación, en una convocatoria internacional que pretendía lanzar textos novedosos en la colección “Pequeños Lectores”, dirigido a un público infantil. Fue  distribuido en toda América Latina. Ganador en 2016 de las becas de presupuesto participativo del Municipio de Medellín, con su colección de cuentos GAMBERROS S.A. que recoge una colección de historias de pícaros, pillos y malevos. Con la Editorial UPB ha publicado desde 2015 4 novelas de su personaje, el detective Joaquín Tornado. En 2018 publicó su novela Y NOS ROBARON LA CLÍNICA, con Sílaba editores.

garcia marquez

Juan Gabriel Vásquez, el autor de la distorsión por Juan Camilo Parra Martínez

Hace menos de un mes terminé la relectura de Cien años de soledad bajo la clave de novela histórica. Un ejercicio que deja ver con claridad el juego del escritor de Aracataca con la historia sin caer en tres aspectos absurdos sobre esta novela: la historiografía, el realismo mágico y lo real maravilloso. Me hubiera gustado haber descubierto esa clave en su momento, pero aún era un joven que jugaba a la pelota cuando Juan Gabriel Vásquez la desarrolló en su libro de ensayos: El arte de la distorsión. Sé que algunos dirán que ya otros la había descubierto, pero fue Vásquez quien me dio la luz para leer y entender el basto mundo de una historia de Colombia a través de la ficción. Esto lo llevó a lanzarse con la siguiente afirmación: “la idea de que toda historia es ficción, ha permitido a la ficción ganar libertad inédita: la libertad de distorsionar la historia”. Entonces, se puede concluir desde Vásquez que Cien años de soledad es una novela de distorsión, que juega con la historia y que es un árbol que da frutos y no una sombra para sentarse a esperar a que algo caiga. Y en esa misma línea, el mismo autor se preguntaba en otro ensayo ¿Cómo se escribe bajo la sombra de Cien años de soledad? La respuesta se puede hallar reglones atrás y fue una pregunta que duró por lo menos cuatro décadas rondándoles a los escritores del momento y del futuro, quienes no encontraban otra forma de entender la escritura si no fuera con el mismo método y caja de herramientas de Márquez. Lo que es un grave error, porque ellos se sentaron bajo el frondoso árbol Marquiano y no salieron a explorar el mundo de la narración, no leyeron en clave la gran novela del boom latinoamericano. Lo que sí es cierto es que la pregunta de Vásquez es un sinsentido en los tiempos actuales, es importante desarrollar otra pregunta que encaje con el principio de distorsión, algo que enlace ese principio y no suelte ese sinsentido a nivel de entender formas de trabajar la historia. ¿Es Juan Gabriel Vásquez un heredero de Gabo? La pregunta un poco pretenciosa y quizás molesta para algunos, tiene más sentido de lo que se ve a simple vista, de lo que se entiende como literatura colombiana en la actualidad.

Partamos de tres principios. El primero es la sombra de crear una novela sobre la imaginación. El segundo aspecto es la falta de método y tercero, la relación con la historia. Diría Ricardo Piglia en una de sus conferencias que lo mejor que le puede pasar a un autor o a una obra, es que abra caminos para que otros transiten, encuentren una forma de entender las maneras de narrar, de escribir. A esto se le conoce como método. El escritor que está en constante búsqueda para hallar un método que le ayude a narrar se constituye por una mezcla, una composición de muchas formas de narrar, de muchos autores tan cercanos al mismo, como tan alejadas en el tiempo y en el espacio geográfico. Afirma Vásquez:

las influencias literarias son, entonces, las novelas que el narrador decide voluntariamente tomar como modelo para corregirlas, cambiarlas o abolirlas, ya sea porque dan una visión de cierta realidad real que al novelista nuevo le parece incompleta, ya sea porque son la única visión existente sobre determinada realidad real. Y el instinto de todo novelista genuino es enfrentarse a las verdades monolíticas, introducir la discordia, sembrar el desorden y romper con la monocromía.  

Después de Cien años de soledad, muchos quedaron con el bichito de un realismo mágico que los obligó a escribir novelas con una historia tan inverosímil como cualquier novela televisiva del momento. Y no fue sólo Cien años de soledad; la herencia de una literatura que les llegó la tomaron como una referencia para crear sus propias historias con base en argumentos poco sólidos, pero aun así, son los autores que más venden y de los cuales miles de adolescente se enamoran cada día. Lo más curioso es que eso escritores no se dedican a las novelas juveniles, sino que están sumergidos entre los verdaderos escritores de literatura, y hasta han ganado premios dignos para autores con una rigurosidad impecable. La sombra de inventar y no tener los pies sobre la tierra, es una literatura que de no ser bien elaborada, cae en un aspecto tan light que empiezan a perderse del verdadero sendero de la ficción y de la misma ciencia ficción. Toda historia debe tener los pies sobre la tierra, con una problemática clara, porque hasta el mismo Cervantes en el Quijote de la mancha como en el Licenciado vidriera, tienen un ancla que los ata a una realidad precisa sin que la imaginación se vuele como una cometa que perdió su rumbo en los vientos de agosto. Hasta el Dr. Jekyll and Mr. Hyde están tan asociados a una realidad que los caminos que abrieron fueron sellados por sus mismos herederos, y construyeron otro en donde su figura se desdibuja totalmente, sin embargo, siguen usando el problema de la doble personalidad como un regalo que les dio Stevenson para justificar cosas paranormales.

Quedarse bajo la sombra de una influencia y repetir su procedimiento no es otra cosa que una falta de método. Es como algunos escritores norteamericanos, sobre todo del género policiaco, que ya tiene un guión, una estructura precisa para crear novelas, es como tener una fórmula que ya no vale la pena reevaluar, y eso le pasó a muchos escritores de hace medio siglo y a algunos en la actualidad.

La distorsión como la llama Juan Gabriel Vásquez no es más que la novela capaz de romper y alterar la cronología, los hechos históricos para engranarlos en la ficción, no para contar la historia que ya se sabe, sino para contar una historia que nos han contado a medias y destruir esas casualidades “obvias”.  Jugar con otro tipo de narraciones con tintes de ficción que abra a una nueva forma de entender el pasado, la historia. “Aún más, la manipulación de la verdad histórica por parte del novelista conduce a la revelación de verdades más densas o más ricas que las unívocas y monolíticas verdades de la historia”. Juan Gabriel Vásquez tiene una debilidad por el pasado, por la historia, por encontrar formas que lo conduzcan a entender qué pasó y así mismo, con el poder de la ficción, construir escenarios que conlleven a esas verdades densas. Buscó las formas de narrar y encontró un método plegado de escritores norteamericanos y latinoamericanos, como el caso de Vargas Llosa, García Márquez y Zamudio, por Roth, Toni Morrison y Joseph Conrad. Todos estos escritores tienen una sola cosa en común: la literatura de la experiencia. Eso que el escritor bogotano siempre ha defendido y que entendió cuando se sumergió en los norteamericanos y claro, en los franceses como Camus. Una historia de la imaginación no tiene ningún camino y no es fértil para que otros empiecen a transitar. La literatura no se hace de lo individual, sino de esa colectividad inconsciente de construir una historia que tenga la capacidad de perdurar más allá de unas tres nuevas generaciones. “Los novelistas entendemos que la única forma de revelar el pasado es tratarlo como un producto narrativo, susceptible por lo tanto de ser recontado de cualquier forma”. Y es lo que ha hecho Vásquez en sus novelas, trabajar con la clave de novela histórica. En una entrevista el escritor bogotano negó que su última novela, La forma de las ruinas, fuera una novela histórica. Y yo entendí la respuesta tajante porque suena ambigua esa frase: novela histórica. Yo quiero creer que lo es en el sistema de la distorsión, en el método de Gabo, de contar una historia con un ancla en la realidad y de jugar con miles de posibilidades e hipótesis de lo que eso pudo ser, como en el caso de Vásquez, que su juego de conspiraciones no es más que una interpretación a ese pedacito de la historia colombiana. Los Informante es también otro riesgo profundo para jugar con la historia al igual que El ruido de las cosas al caer, pero es en las formas de las ruinas en donde más se acerca a esa herencia que dejó García Márquez y creo, que puedo lanzarme a decir que es por ahora el único que lo ha hecho, aunque haya habido uno que otro autor en donde se le compare con Gabo, creo que ninguno ha utilizado y entendido la función de la novela en Colombia como lo hizo el escritor de Aracataca. Sí, se puede escribir bajo la sombra de Cien años de soledad, y es Vásquez una muestra de eso, porque no se quedó bajo el árbol, sino que salió a buscar su propio método para entender la realidad de Colombia y poderla contar hallando esas verdades que agudizan más al lector que cualquier libro de historia.     

Es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Santo Tomás, columnista y periodista freenlance. Ha escrito para varios medios de comunicación como: Le Monde diplomatique, Con la Oreja roja, Periódico Desdeabajo, Revista Corónica, Alponiente y Culturamas en España. Fue editor cultural en Alponiente e hizo parte del taller Ciudades sostenibles de la Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo iberoamericano. Su pasión entre la literatura y el periodismo lo llevó a buscar un punto central en donde la ficción y la realidad se crucen, se toquen pero no se confundan.

la conjura de los necios

Sobre La conjura de los necios por Sebastián Pujol

Un tipo de 31 años, uno cualquiera, completamente ignorado por el mundo de los escritores célebres del momento, deja su casa de Nueva Orleans y acelera su auto hasta un descampado en las afueras de la ciudad. Es 1969 y nadie habla de él, aunque haya escrito una obra maestra. Conecta el extremo de una manguera al caño de escape e introduce el otro extremo por una de las ventanas hasta quedarse sin aire.

Su vida había sido algo singular, como también lo fue su muerte. Pero más aun lo fue su literatura.

John Kennedy Toole decidió suicidarse cuando abandonó las esperanzas de que alguna editorial aceptara su novela, La conjura de los necios, que había escrito al regresar del servicio militar. Murió sin verla publicada. Ese manuscrito sobrevivió y se convirtió en un libro célebre.

La novela tiene lo suficiente de autobiografía como para ser autodestructiva. Es la comedia más triste y más alejada de los lugares comunes que se pueda imaginar. Después de hacer algo así, no se sobrevive fácilmente.

El protagonista, Ignatius J. Reily, es un tipo gordo y sucio, consentido por una madre viuda y temerosa. Vive con ella en una casa vieja del barrio francés en Nueva Orleans y nunca abandonó la ciudad. Pasa su vida en una habitación roñosa de la que sale únicamente para ir al cine y enojarse, y hacer escuchar su enojo a los gritos, por la indecencia y el mal gusto del mundo. Está asqueado por locura del hombre moderno y quiere volver a un orden medieval. Sin embargo, no deja pasar una chance para contradecirse con sus actos. Es moralista, cínico y reaccionario. Cuando su madre choca con el auto contra una casa contraen una deuda difícil de pagar. Ignatius debe salir a trabajar.

Toole se divierte durante más de trescientas páginas desenterrando la mierda de su ciudad. El diagnóstico psicológico que hace de los barrios y de sus personajes es demasiado sincero, con detalles de cirujano.

A través de las aventuras de su protagonista, La conjura de los necios va describiendo una galería de seres humanos originales. La activista de izquierda, que asegura que los problemas de Ignatius se deben a su homosexualidad reprimida, la madre sobreprotectora, el policía estúpido, el empleado negro explotado, la dueña del bar que vende pornografía en los colegios, etc. Toole es un observador escrupuloso. Saca su bisturí y despelleja a sus personajes. Ante lo ridículo del hombre, no se puede hacer otra cosa que reír.

Después del suicidio la madre del escritor, encontró el manuscrito y comenzó a recorrer las editoriales. Lo mismo hubiera hecho la madre de Ignatius. La novela seguía siendo rechazada. Su humor era demasiado agrio. Finalmente llegó al escritor Walker Percy, que instó a una editorial para que se realice la primera edición, que terminó ganando el premio Pulitzer.

Nació en 1983 y se crió en el barrio de Martínez, en la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Estudió periodismo en TEA y escribió durante algunos años en revistas y en algún que otro portal de internet. En este momento se encuentra esperanzado con recibirse de profesor de Lengua y Literatura. Escribe el blog Literatura en libertad. Publicó la novela policial “Ahora tiro yo”, por la editorial Peces de ciudad.