Lírica

Carta para mi suicidio por Vale Ry

Y mientras el cielo se partía al medio,
en mi cabeza estallaba el caos.
Se abrían puertas secretas, y los pensamientos se desprendían de mí.
Lo que antes me preocupaba pasaba a ser algo muy lejano.
Ni bien la oscuridad llegó,
las luces se prendieron.
Reapareció en mí la vida.
No tenía que ver más a toda esa gente inmunda que habitaba con asco mis pasos.
Ya no tenía con quién hablar ni por lo qué sufrir.
Todo lo malo se había ido.
Y en los vestigios de conciencia que en mí habitaban,
sólo escuchaba el eco de aquella dulce melodía sin fin.
Como si los colibríes nunca llegaran a la nieve… Nunca las guitarras sonaron tanto el día aquel, infinito.
Aquel día fue el renacer,
cuando bailaba frente al mar, toda la noche sin temor.
Aquel día descubrí que no había mejor cielo que el que veían mis ojos…
Aquel día fue el primer día de mi muerte.