flagelacion

Manuales para la autoflagelación por Malena Biangardi

Manual para la autoflagelación I

La disciplina que entraña, dentro de su aprendizaje, los procedimientos necesarios para echar a la mierda a otro sujeto, implica una técnica de difícil alcance para muchos. Requiere de una gran dosis de autoestima y un poco de intuición estratégica, no basta con hacerlo, sino que debe aplicarse en el momento justo. Si usted es de esas personas que con tal de preservar un vínculo tolera hasta lo más abusivo, que soporta los desquicios de cualquier miserable, que se enajena en laberínticos pasajes hacia lo más ruin; entonces necesita aplicarla con urgencia.

Lo primero que debe lograr es evitar caer en lo más drástico, esto es, tratar que no sea la situación más patética lo que lleve a necesitar poner el punto final. Hay una gran cantidad de indicios, que se exponen ante nosotros y que nos indican cuándo estamos en presencia de un canalla. Deben ser reconocidos a tiempo para poder actuar de manera congruente, y evitar caer en lo más lamentable (no se exponga a situaciones misericordiosas, preserve algo de orgullo). Luego, debe detectar cuándo es el momento justo de marcharse, dejar de lado las plegarias, comprender que los cantos existenciales no merecen tanta dedicación. No son las penas lugares donde haya que asentarse por largo tiempo, si no un vehículo hacía la prosperidad.

Por último (he aquí lo más complicado), debe inferir que no en todo subyace una explicación, por lo menos no cuando esto involucra a la naturaleza humana. Hay seres malignos, y está en cada uno desarrollar la capacidad de evitar su presencia. Cuando esto no sucede, y caemos en sus trampas, tenemos el recurso de largarlos, con profundidad, y bien a la mierda, por lo que es importantísimo saber utilizarlo.

               Manual para la autoflagelación II

Si usted conlleva una inquietante y peculiar actitud de elegir, hasta el más arduo cansancio, los caminos que su mente le depara, sin prever los azotes que pueden acompañarlo. Si transita por su vida ensimismado en un interminable gemido, si confía a ciegas de la perversidad de este mundo, entonces usted es, sin dudarlo, un auténtico masoquista.

Cuando se trata de uno genuino, podemos observar que nunca falla en la búsqueda de su placer, lo encuentra casi sin obstáculos. Porque comprende cuando se le presentan posibilidades de conseguir latigazos, golpes y crueldades. Se sumerge en ellos como el mejor atleta, tiene medalla olímpica en cometer idioteces, es capaz de lo más descabellado con tal de lesionarse, una y otra vez, hasta lo impensable. Puede llegar a mentir e inventar cualquier falacia, elaborar complejas estrategias basadas en cálculos y ecuaciones absurdas sobre su objeto de deseo. El entusiasmo que contiene es directamente proporcional al nivel de forreada que encuentra en cada individuo.

No crea que se trata de un producto resultante de la inocencia, ni de un diagnóstico que tiene su hallazgo en el discurso de un sujeto. El masoquista es aquel soñador intrépido que deposita emociones en cualquiera que pueda garantizarle dolor, y lo conduzca hacia los más truculentos pasajes de su propia consciencia. No es más que el reflejo patético de lo que piensa de sí mismo. Una burla de su destino, de un karma que cree merecer, disfrazado con cadenas, látigos y juguetes extraños.

Si quiere curarse aléjese corriendo de las investiduras creadas por usted mismo, no existe droga alguna que pueda con su propia máquina de tortura, no se someta a estudios que le informarán lo que en el fondo usted sabe. Adopte a un gánster, busque un hobbie, manténgase ocupado hasta que sane aquella herida, no ingiera más su propia sangre.

Si no padece de ninguno de los supuestos antedichos, entonces usted es un perfecto sádico.

Desde muy pequeña me entregué con fervor al arte, escribiendo historias, empecinada en devorar libros, disfrutando de la pintura, el cine y el teatro. Hoy dedico mi tiempo a estudiar artes visuales y escribir lo más que puedo. Asistí a algunos talleres literarios en mi ciudad y siempre trato de ir a algún recital de poesía. Espero ansiosa el tiempo para leer mi próximo libro de la lista de espera y me considero una amante ineludible del café. Encuentro en la poesía la forma más bella de soportar la condición humana y un estilo de vida que jamás abandonaría. Busco en cada instante que me moviliza tomar esa poética que se encuentra en él para ser percibida y traducida al papel. Siendo el artista una persona que transita con tanta intensidad por este mundo, que no puede soportar llevarla adentro y cae en la necesidad de expresarla por algún medio. Lo que comenzó siendo un juego de niña sedienta de sentido, es ahora a lo que dedico todos mis días.

Añadir un comentario

No se publicará tu dirección de correo electrónico. Los campos obligatorios están marcados con *