Explosión

La obviedad como entresijo de la lógica por Jhonner Ramírez

Parece que ante los ojos del hombre los fenómenos y las circunstancias se han puesto de acuerdo para hacernos pensar que, éstas, son, en efecto, obvias. La obviedad no es un concepto que vaya ligado a las acciones, pero sí a los pensamientos de cada quien; en especial cuando se cree (o se tiene la creencia) de que todo en esta vida se prima por la razón del ser y la lógica. Lo cierto de todo ello es que la lógica y el sentido común tienen fisuras que desembocan en una sola verdad, un solo ente que guía todo aquello a partir de acciones determinadas por la misma consciencia. A priori se tiene en cuenta la obviedad, pero ¿y si en el mundo o el universo nada es tan obvio como parece? 

En el enmarañamiento del ser, los hombres buscan en circunstancias remotas saciar la sed de sus principios con la idea de la lógica. Así pues, se logran identificar acciones que se entiendan como un mundo de ideas cuya función es hacer parte del mundo material. En ese caso, puede pensarse que el agua únicamente sirve para mojar y beber basados en la propia percepción o empirismo. Si se habla de su contraparte (el fuego) es imprescindible aclarar que necesita oxígeno para crecer, este combustiona y determina un caos. Viendo esto se piensa que ambos entes usan el oxígeno pero en formas transmutadas. El agua por sí sola nunca podrá quemar una casa, pero puede inundarla. El fuego, por el contrario, no puede mojar nada, pero a diferencia del agua, necesita ser creado para que su efecto tenga valor. Véase el ejemplo como parte de una reconstrucción de la obviedad.   

Si bien es cierto que en ocasiones las cosas que imperan en el mundo sensible reflejan su sombra en el mundo suprasensible, no es del todo claro que la obviedad sea tan obvia. En su forma de ver la realidad, Descartes pensaba en la subjetividad del individuo y su relación con el entendimiento del mundo. Esto, visto desde la misma mirada de la lógica, da a entender que no hay una sola verdad que designe los acontecimientos del pensamiento, en otras palabras, cada acontecimiento vivido por el sujeto tiene al menos dos interpretaciones. 

Siguiendo, pues, con la veracidad en relación con la obviedad, se razona que en el mundo sensible, bajo cualquier fenómeno o causa, la obviedad es firme compañera de la lógica. Caso contrario cuando la obviedad se toma como un ente subjetivo en el pensamiento; allí este concepto se vuelve fiel enemigo de la lógica a razón de la interpretación o la búsqueda de la verdad. Véase dos ejemplos para aclarar dicha afirmación. El primero: un hombre sale de su casa y a los diez minutos comienza a llover. Este sujeto debe entender bajo su obviedad que si no se refugia, su ropa quedará empapada porque es un hecho lógico (la lluvia no es un concepto en su mente sino un fenómeno del mundo físico, es decir, tangible), Ergo, ese individuo aclara su pensamiento con la idea de que si llueve probablemente quedará empapado (la obviedad se une a la lógica de los actos para dar una conclusión) 

El segundo: un docente llega al aula de clase a impartir su cátedra. Comienza a escribir en el tablero sobre el tema y uno de sus estudiantes le hace la pregunta: -profesor, ¿debo copiar lo que está ahí? El docente le responde: -obvio.- Esta situación no es tan obvia como se cree. En primer lugar, el estudiante promedio comprende que los profesores funcionan como espejos y deben hacer lo que ellos dicen, entre eso, copiar. Pero ¿y si el sujeto del ejemplo comprende que para su aprendizaje no es necesario copiar sino escuchar porque enfrenta la subjetividad de su consciencia con la lógica y la obviedad? A diferencia del ejemplo anterior, en este prepondera la subjetividad del individuo; razón por la cual la obviedad difiere de la lógica y nada les une.

En definitiva, no se trata de aclarar cómo y por qué existe la lógica y si esta va ligada al uso de la razón, porque el filósofo entiende que nada en el mundo pasa por casualidad, ni siquiera la obviedad. Este último concepto pide a gritos que se trate como una simple curiosidad dentro del vacío que tiene el mundo, entendiendo que las cosas no son tan obvias como se cree; hay una brecha que las une y otra que las separa. En la inmediatez del tiempo a veces no queda lugar de pensarlo todo… pero es necesario hacerlo. 

Bogotá, Colombia, 1993.

Profesor, escritor, filósofo y poeta. Licenciado en Humanidades y Lengua castellana de la Corporación universitaria Minuto de Dios con especialización en Filosofía clásica. Autor de libros como Papel sin letras (antología poética) y De esto, de aquello y otros tantos publicado en diciembre de 2017 de forma independiente bajo la ayuda de Ángela Giraldo Yepes (editora). En cuanto al género narrativo,  ha publicado cuentos en revistas internacionales y dos ensayo filosófico en la Revista  La Náusea Literatura.

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