Fante

John Fante: Escribiendo en un país hostil por Sebastián Pujol

Los libros de John Fante dan vueltas, una y otra vez, como buitres, sobrevolando los mismos temas, picoteándolos y arrancándoles los pedazos. El argumento siempre es él mismo. Su vida de italiano orgulloso, inseguro, contradictorio y sensible, en un país hostil como Estados Unidos. Que quiso pensar y sentir como Dostoievski, buscándose dentro de sí mismo, como si escribiera sobre papel de lija con la yema del dedo, abriéndose el pecho con el mismo escalpelo con que golpeaba las teclas de su máquina de escribir. Que tuvo éxito fracasando, hasta morir ciego, escribiendo guiones para Hollywood en su mansión de California, cuando sus libros ya estaban olvidados.

Con “el corazón lleno de tinta negra” quería escribir, metido hasta la cabeza en sus incoherencias, sus dudas y sus contradicciones. En la cuerda floja entre la ternura y la crudeza. Pero a su vez, con la ilusión del que está de prestado, pretendía demostrar que no era solamente un italiano sucio, un invitado a la fiesta en la que ya amanecía la Gran Depresión. Ser respetado y de paso comer todos los días, manejar autos caros y estar con mujeres hermosas. No oculta la realidad, lo dice con todas las letras: “naciste pobre, en el seno de una familia de campesinos pobres, obligado por la pobreza, obligado a huir del pueblo de Colorado en que naciste porque eras pobre, vagabundeando por las cloacas de Los Ángeles porque eres pobre, esperando escribir un libro que te haga rico, porque los que te detestaban allá en Colorado dejarán de detestarte si escribes un libro.

No buscaba escaparse de sí mismo. Escribía hasta repetirse, con sinceridad, como cortándose las venas. Sencilla sinceridad. Empieza a hacerlo en los años treinta y su primer publicación es Espera la primavera Bandini. Ya viejo diría que no tenía “ánimo suficiente para mirar atrás, para abrir esta novela primeriza y leerla otra vez”. Tenía miedo que su propia obra lo desnude. Pero Fante pasó por la vida sin ropa. Arturo Bandini es él mismo, viviendo entre sus propias páginas.

Iba creciendo y los libros irían exponiéndolo, porque escribir era su obsesión. Existía para eso y escribía su existencia. Estaba lleno de vida y de literatura. Al mejor estilo Bukowski, su lector más apasionado, le pegaba a las teclas como si estuviera en una lucha de pesos pesados, como el toro en la primera embestida, como un perro viejo de pelea y así lo deja ver: “De modo que así había muerto Camila y así iba a morir Arturo Bandini: No obstante, incluso en aquellos momentos lo estaba escribiendo todo, lo veía escrito en un folio puesto en una máquina de escribir, y mientras lo escribía me dejaba arrastrar por la arena áspera, o sea que estaba convencido de no vivir para contarlo. De pronto me vi con el agua hasta la cintura, cojo y demasiado lejos para hacer nada, bregando con la mente en blanco, con desesperación, tratando de tomar nota de todo, preocupado por el exceso de adjetivos. La ola siguiente me hundió una vez más, me arrastró hasta donde el agua cubría treinta centímetros, y con manos y rodillas salí reptando de aquel agua que cubría treinta centímetros, al tiempo que me preguntaba si de todo aquello me saldría por lo menos un poema”.

Siempre su familia: su padre, borracho, jugador, albañil, inmigrante italiano esperando la primavera para que descongele el cemento, su madre, católica al extremo, débil y quebradiza. Sus amores tormentosos con mujeres a las que ama y odia casi por igual y su destino de escritor, con todos los fracasos y los aciertos.

Durante cuatro de sus novelas, Espera la primavera Bandini, Pregúntale al polvo, Sueños de Bunker Hill y Camino a Los Ángeles, se disfraza de Arturo Bandini. Después pasa a ser Henry Molise en la Hermandad de la uva, y Al oeste de Roma y Dominic Molise en Un año pésimo. Con un pequeño, pero suficiente, éxito como guionista en Hollywood ganó su tranquilidad económica.

Sus historias llegan al final con algo de esperanza entre la desgracia y uno se imagina a Fante mirando hacia delante, con el viento en la cara y el orgullo intacto.

Nació en 1983 y se crió en el barrio de Martínez, en la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Estudió periodismo en TEA y escribió durante algunos años en revistas y en algún que otro portal de internet. En este momento se encuentra esperanzado con recibirse de profesor de Lengua y Literatura. Escribe el blog Literatura en libertad. Publicó la novela policial “Ahora tiro yo”, por la editorial Peces de ciudad.

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