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Entre la ficción y la realidad en “Si una noche de invierno un viajero” de Ítalo Calvino por Claudia Patricia Ortega Guerrero

Quienes están allí, mientras, embrujados por lo que escuchan, dejan volar su imaginación y salen de sus precarias existencias a vivir otra vida —Una vida de mentiras, que construyen en silenciosa complicidad con el hombre o la mujer que, en el centro del escenario, fabula en voz alta —.

Mario V. Llosa  

ETEORÍAS DE LA FICCIÓN LITERARIA (1997), de Antonio Garrido Domínguez, el autor acude al Dr. Johnson para intentar definir el término ficción. Johnson define el término como “falsedad; mentira”, “Cada uno de los significados arroja luz sobre el otro. Ambos entrañan procesos similares, en ambos «se sobrepasa» algo, que podemos concretar como sigue: la mentira sobrepasa la verdad y la obra literaria sobrepasa el mundo real que incorpora” (43), es por eso que a las ficciones literarias se les ha atribuido la etiqueta de mentiras, porque hablan de lo inexistente, pese a que presentan ese mundo no existente como si realmente existiera. En EL VIAJE A LA FICCIÓN (2008), Mario V. Llosa afirma que “Inventar historias y contarlas a otros con tanta elocuencia como para que éstos las hagan suyas, las incorporen a su memoria —y por lo tanto a sus vidas —, es ante todo una manera discreta, en apariencia inofensiva, de insubordinarse contra la realidad real” (p.16).

En el libro CONFESIONES A UN JOVEN NOVELISTA (2011) de Umberto Eco, podemos apreciar, como el autor afirma que muchos lectores, independientemente de su estatus cultural, son, o se vuelven, incapaces de distinguir entre ficción y realidad, se toman muy en serio a los personajes que son sólo producto de la ficción, como si fueran seres humanos reales. Sin embargo, el problema que intenta investigar Eco es: ¿En qué sentido pueden un lector dar por cierta la afirmación de un hecho verídico acontecido dentro del mundo existente de una novela?, y toma como ejemplo la afirmación trágica del personaje de León Tolstói “Ana Karenina se suicidó” siendo conscientes de que Ana no es un (OFE) objeto físico existente. Los personajes como Ana Karenina, son simplemente imaginados por una mente humana y es, según Eco un “artefacto”. La afirmación “Ana Karenina se suicidó lanzándose a las vías del tren” no pude ser puesta en duda. Pero, pienso, ¿Qué pasa entonces con los lectores que leen historias inconclusas? y qué pasa por ejemplo con los lectores de “SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO” de Ítalo Calvino, donde existen diez historias inconclusas. 

El lector puede sentir una especie de impotencia o quizá desilusión al no poder seguir hasta el final las historias. “—Esperemos —dices—haber cogido un ejemplar bueno, esta vez, bien compaginado, para que no nos quedemos cortados en lo mejor, como sucede… —(Como sucede, ¿cuándo? ¿Qué quieres decir?)—En resumen, esperemos llegar al final con satisfacción” (p.16). En la novela de Ítalo Calvino sucede igual, sólo que sucede en su contexto de ficción, el que no sólo dice lo que es verdadero y lo que es falso en su mundo narrativo, sino también lo que es relevante y lo que no lo es. 

En esta novela de Calvino, hay un personaje lector que vive la imposibilidad de no saber el final de las diez novelas inconclusas que tiene. Así como yo, que hago parte del selecto grupo de lectores de la obra de Calvino, me he quedado ante la insatisfacción de la continuidad faltante de las historias, al igual que su mismo título inconcluso que “pienso” podría ser, por ejemplo: SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO DESCUBRE LO QUE HAY OCULTO EN SU PROPIA OBRA o algo por el estilo. 

El autor prepara de entrada al lector con estas palabras:

[…] aún no estás leyendo el final del primer capítulo, pero ya has avanzado mucho cortando. Y he aquí que, en el momento en que tu atención está más pendiente, vuelves la hoja en la mitad de una frase decisiva y te encuentras ante dos páginas en blanco. Te quedas atónito, contemplando aquel blanco cruel como una herida […] Sigues hojeando el libro; dos páginas en blanco alternan con dos páginas impresas. Blancas; impresas; blancas; impresas: y así hasta el final (p.21).

A parte de la imposibilidad que tiene el lector de no conocer el final, también está presente el sentirse “desconectado” con la historia y en especial con lo que les acontece a los personajes quienes son el motor de la misma. Pues el narrador en la novela cuenta, que, por las hojas en blanco que quedaron cuando disfrutaba de la lectura, se ha perdido la orientación. Y al retomar la historia con los apartes que siguen después de las hojas en blanco, los personajes han cambiado igual que ha cambiado el ambiente y prácticamente no se entiende de lo que se está hablando, además se topa con nuevos personajes que no se sabe de dónde salieron. Sin embargo, Ítalo Calvino, en el prólogo de la novela le advierte al lector que la solución al problema que se le avecina “Las historias inconclusas” puede que estén ocultas en la misma novela. 

Mejor decir que no se trata de lo «no acabado» sino de lo «acabado interrumpido» de lo «acabado cuyo fin está oculto y es o es ilegible», tanto en sentido literal como en sentido metafórico. (Me parece que en alguna parte digo algo así como: «vivimos en un mundo de historias que empiezan y no acaban» (p.12).

El lector puede ser consciente de esto sí ha prestado la suficiente atención a las palabras del escritor en el prólogo o puede pasarlo por alto, consciente o inconscientemente. Algunos lectores prefieren seguir sumergidos sólo en la realidad del texto y olvidar que todo aquello hace parte de la ficción. Umberto Eco, cuenta que existe un acuerdo narrativo que permite identificarnos con los personajes de ficción y sus hazañas, para vivir el mundo posible de sus historias como si fuera nuestro propio mundo. Pero hay personas que se ven tan afectadas emocionalmente con estos personajes, que llegan incluso a creerlos como OFE (Objeto de ficción existente), siendo los personajes de ficción, objetos absolutamente inexistentes. Umberto Eco, en Confesiones a un Joven Novelista (2011) nos cuenta de un hecho real vivido por él, donde se ve perfectamente un ejemplo que aplica al tipo de personas que llegan a creer que los personajes que tanto les impactaron en determinadas lecturas y que hacen parte de la ficción del autor, son para ellos reales.

Un colega alemán me escribió diciendo que acababa de encontrar una librería de viejo en Buenos Aires en la que había un volumen de Kircher, y se preguntó si por casualidad se trataba de la misma librería y del mismo libro que menciono en mi novela.

No hace falta decir que me inventé tanto el plano como la localización de la abadía (aunque muchos de sus detalles estaban inspirados en sitios reales), (75).

Dice Mario Vargas Llosa, en “LA VERDAD DE LAS MENTIRAS” (2007), que desde que escribió su primer cuento, le han preguntado si lo que escribe es verdad o mentira: “Si las novelas son ciertas o falsas importa a cierta gente tanto como que sean buenas o malas y muchos lectores, consciente o inconscientemente, hacen depender lo segundo de lo primero” (p.18), señala que en efecto, las novelas mienten, afirma además, que los hombres no están contentos con la suerte que les tocó y casi todos independientemente de si son ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros, casi todos quisieran una vida distinta de la que viven y que para aplacar tramposamente ese apetito, nacieron las ficciones.

Hay un momento en la novela en que “Calvino personaje” dice:

 La fascinación novelesca que se da en estado puro en las primeras frases del primer capítulo de muchísimas novelas no tarda en perderse al continuar la narración: es la promesa de un tiempo de lectura que se extiende ante nosotros y que puede acoger todos los desarrollos posibles. Quisiera escribir un libro que fuese sólo un íncipit, que mantuviese en toda su duración la potencialidad del inicio, la espera aún sin objeto. Pero ¿cómo podría estar construido, semejante libro? ¿Se interrumpiría después del primer párrafo? ¿Prolongaría indefinidamente los preliminares? ¿Ensamblaría un comienzo de narración con otro, como las Mil y Una Noches? (p.81).

Con estas palabras el lector puede pensar que ni el mismo autor tiene claridad sobre el producto de su propia obra, pues está reconociendo que lo que hizo fue resúmenes y esquemas, sólo para explicárselo a sí mismo, pero que, aun así, no quedaba del todo claro. Quizá la verdadera intención de Ítalo sea que el lector mismo se atreva a ficcionar el final de las historias, que se sumerja en ellas y no se conforme como casi todo lector, con los finales impuestos por los autores y que, “deben” ser asumidos.  

La ficcionalización, como lo señala Antonio Garrido, es la representación formal de la creatividad humana, por eso representa formalmente nuestro “estar” en medio de las cosas, al convertir esta implicación, en espejo de sí misma. Así que la invitación que parece estar insinuando Calvino en su novela “SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO”, es a que el lector se anime a construir las historias inconclusas y quizá también el mismo título. Título me he atrevido a continuar y el resultado ha sido: SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO DESCUBRE LO QUE HAY OCULTO EN SU PROPIA OBRA. Pero, vaya sorpresa, el título sigue quedando inconcluso. 

Escritora y columnista colombiana. Licenciada en Literatura de la Universidad del Valle. Docente del colegio San Pablo y el Liceo de los Andes – Funed, tallerista en varias universidades. Nombrada “Embajadora Universal de la paz en Colombia del Círculo de Embajadores Universales de la paz de Ginebra-Suiza; París – Francia”. Participó en la Feria Internacional del Libro de Cali 2018 en las antologías “La Marea Literaria del Pacífico” con el cuento “De Alas Negras” y “Voces- Antología de escritores contemporáneos del Valle del Cauca” con el cuento “Un orgasmo con la muerte”. Sus escritos han sido publicados en antologías, periódicos y revistas de Colombia, Rumania, Estados Unidos, España, México y Paraguay.

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