mujer pesar

El pesar de una mujer por Benjamín Ubillos

Noche tras noche torturándome, no sé qué hacer con mi vida. Fijo la vista al techo mientras que tú me tocas sin mi permiso, ¿qué hago?

Ya no sé ni para qué nací, hubiese preferido no haberlo hecho. Mi alegría fue desapareciendo con cada una de tus palizas. Mi carácter se fue nublando con cada uno de tus gritos. Estoy prisionera en una cárcel de alta seguridad y tú eres mi torturador.

Miedo, temor, dolor y náuseas, sentimientos comunes en mi día a día. Tus golpes ya no duelen, tus insultos ya no me llegan, ¿será que ya no puedes ponerme en un lugar más bajo?.

“Sin mí, tú no eres nada, apréndetelo”. Estás equivocado y lo sabes, por eso me golpeas. “Como te hice, te destruyo”. Tú no me hiciste, sólo me destruiste y lo sabes, por eso me degradas.

Desperté de nuevo, otro día sin sentido en mi vida. Anoche sucedió otra vez, tus clásicas disculpas, tu carta de amor y tus bombones, y, ¿qué iba hacer? ¿Rechazarlos? ¿Para qué? Para ligarme una trompada, no me sirve. Sé lo que van a decir: “Si se queda es porque le gusta que le peguen”, ¡mentira!, no me gusta pero, ¿qué quieren que haga?, si nadie me ayuda, si estoy sola.

Otro día, otro golpe, otro grito, cualquier cosa con tal de callarme.

Llegas del trabajo, supuestamente cansado, enrabiado por culpa de tu jefe que no te trata bien y que, según vos, no te da el ascenso que mereces. Cabizbaja y triste trato de alejarme, pero sin piedad me agarras la mano, me llevas hacia ti y con la mano cerrada golpeas mi rostro, quedo inconsciente.

Mente en blanco y cuerpo inmóvil, sin defensa alguna para ejercer, tú aprovechas para satisfacer tus deseos más oscuros… La noche terminó y tan exhausto quedaste que no pudiste aguantar más y caíste rendido en la cama.

Despierto agotada, con una fuerte jaqueca y dolor en todo el cuerpo. Sentimientos de dolor y náuseas invaden todo mi pecho, lágrimas acarician mis mejillas. Mi mente, quebrada por el dolor, pide una fuerte venganza. No creo poder rechazar esa petición.

Ya volvió la noche, y mi mente no se calmó, esa sed de venganza no se esfumó, solamente queda esperarte. Llegas y entre gritos y enojos comienza tu barbarie… no te preocupes, mis lágrimas no van a manchar el parques… pero lo hará tu sangre.

Ese cuchillo que mi almohada escondía sale a luz y vos, como auténtico cobarde, retrocedes a un rincón… Pero ya es muy tarde… Otra noche tu maltrato no aguanto.

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