aula vacia

Del lápiz a la cámara, de la palabra a la imagen y del libro al cine por Andrés Mauricio Páez Ochoa

Porque narrar es mirar 

Esta experiencia, tiene como origen la urgencia inmediata de los resultados en las pruebas estandarizadas de una institución de educación pública en Bogotá, Colombia; llamada Nydia Quintero de Turbay, ubicada en la localidad 10 de Engativá, donde por tradición se ha destacado por ocupar aceptables lugares en el ranking anual de colegios, aunque esos puntajes descendieron en los últimos años y los estudiantes que llegan a este nivel, asumen con desinterés un futuro próximo cimentado en la educación superior. 

Ese desencanto por el mundo académico se debe, entre otras razones, a la desmotivación familiar, la premura económica, las angustias existenciales, la desconexión entre educación-realidad y la supervivencia en un mundo que exige otras formas de existir diferentes a la ciencia o la universidad.

De este modo, en el área de Lectura Crítica, impartida como Castellano y Filosofía por separado en el plan de estudios institucional, se diagnosticaron las habituales falencias al leer, sustentar y producir textos, a pesar de los esfuerzos implementados por los docentes y las distintas políticas públicas.

Así, es evidente que aún muchos estudiantes y parte del mundo adulto (Estado, docentes y padres de familia) comprenden este ejercicio vital como acción desnaturalizada y desarticulada de la realidad inmediata; haciendo de los procesos escolares, la lectura y la escritura improntas de la educación bancaria, sustentada por Freire (2005) como apéndice del sistema de mercado. En este caso puntual, técnicas para el éxito en las pruebas estandarizadas, sin activar desde el conocimiento la transformación personal y social. 

Estas carencias también existen en el contexto virtual y aunque allí se consumen copiosas cantidades de información, es innegable el débil vínculo entre elementos interpretativos, discursivos y creativos. 

¿Cómo generar pensamiento crítico desde la lectura, la escritura y el mundo digital? El anterior, un interrogante que se relaciona con la urgencia por reconocer los múltiples tipos de texto que habitan la realidad y al tiempo motivar en el aula hacia las diversas formas de abordarlos para su comprensión y elaboración de unos nuevos en el campo audiovisual. 

Asimismo, en un mundo que ya no se organiza desde la hegemonía del saber, sin grandes masas condenadas a la ignorancia e inmerso en la superlativa cantidad de información que circula en las plataformas, el desafío surge en otro escenario, pues a mayor cantidad de datos menor posibilidad de verdad, en parte porque la explosión digital liberó contenidos que no se digieren por razones como la escasez de tiempo para contrastar y la ausencia de pensamiento complejo. 

Hoy la lectura eficaz debe definirse como la capacidad de analizar e interpelar, articulando otras formas desde lo lineal, lo discontinuo, lo simbólico, lo gráfico e incorporando lo transmediático. Entonces el propósito primordial de esta experiencia consiste en revitalizar la lectura como acto natural, accediendo a esta desde formas y textos que motivan a leer de manera secuencial y simultánea; en consecuencia, propiciando escrituras múltiples con la palabra y la imagen en torno a la catarsis, la reflexión, la imaginación y la transformación de la realidad desde el mundo digital y audiovisual.   

¿Para qué narrar, mirar, crear y transformar?

Partiendo de evidencias tan notorias y desalentadoras como la prevención del mundo adulto respecto al juvenil en relación a lo que consumen en Internet y en efecto, sus formas de leer, escribir o acceder al conocimiento, es necesario establecer mediaciones reales y potentes desde perspectivas como las de Barbero (2003), que no sólo desmitifican esa desconfianza desde el maestro o el padre de familia hacia el estudiante en formación, sino que también rescatan el conocimiento resguardado en formatos tradicionales como el libro, reconocen prácticas ancestrales como el relato oral o promueven la pervivencia de lugares fundamentales como la biblioteca.  

De otro lado, son ciertos el aislamiento y el riesgo permanente a los que se someten niños y jóvenes en el universo digital, el cual rebasa con facilidad límites y leyes diseñados desde el mundo físico; donde a fin de cuentas se impone la cultura de lo ligero, enunciada por Lipovetsky (2016), permitiendo que las líneas divisorias entre lo ético y lo cruel, lo criminal y lo licito e incluso entre lo fatal y lo vital, se hagan cada vez más borrosas. En esa medida, conduciendo generaciones presentes y futuras a la banalización social, la deshumanización y la distorsión de la realidad. 

A partir de lo anterior, es capital generar procesos de lectura y producción escrita interactivos, armonizando el libro con el mundo audiovisual.  De esta manera, en tiempos donde la virtualidad impera y los jóvenes perciben como legítima su inmersión en las innumerables plataformas de información, es perentorio obtener una educación en medios como lo reafirma Bacher (2009), desarrollando habilidades de análisis textual en torno al pensamiento simultáneo y la lectura secuencial como lo plantea Simone (2001). 

En este sentido, al implementar las reglas elementales de lectura y escritura desde la gramática, la sintaxis, la semántica y lo pragmático como principios para deconstruir los signos que circulan en lo audiovisual, es posible propiciar en el estudiante la comprensión y ejecución de la estructura narrativa que también procede en modalidades como el cine o la televisión. 

En síntesis, sin olvidar que la escuela ya ha sido permeada desde hace décadas por la cultura del espectáculo que describe Ferres (2003), es pertinente recordar que este universo interactivo posee una inmanencia significativa desde las imágenes, los colores, los sonidos, la música y los recursos de producción. De esta forma, los estudiantes deben ser capaces de interpelar con sentido crítico esos textos y realizar los suyos enlazando los recursos narrativos, la producción, lo transmediático y un discurso que cuestiona y se apropia de la realidad. 

Observadores, narradores, y creadores 

Aunque es necesario que toda la comunidad educativa resignifique formas clásicas de leer-escribir y reaprenda e incorpore nuevos textos, otras maneras de conocer y sea divergente al asumir la realidad, ha sido crucial para este ejercicio tomar como sujetos de investigación a los estudiantes de grados superiores

Los anteriores, jóvenes entre los 15 y los 18 años, que en un gran número presentan dificultades convivenciales y académicas asociadas con el consumo de SPA, la deserción escolar y la descomposición familiar, enfrentados a escenarios hostiles en la escuela, en sus hogares y en la calle; teniendo como único acceso a la cultura la posibilidad del teléfono móvil, la televisión y los “parches” que integran de manera física y virtual con distintos fines: gustos musicales, barras de fútbol o pandillas que controlan territorios. 

Sin embargo, existe otro cúmulo de estudiantes con carencias económicas en sus hogares, pero que demuestra interés por obtener de la escuela nuevas oportunidades, bien sea para laborar, ingresar a la universidad, acceder a formación técnica ofrecida por el SENA o practicar empíricamente la música, el arte o la literatura. Su compromiso es notable y se evidencia en su permanencia por años en la institución, la presencia continua de los padres de familia y los puntajes que obtienen en las pruebas externas.

En efecto, los estudiantes mayores son quienes presentan mayores falencias en el desarrollo de la comprensión literal, inferencial y critica dentro de los procesos de lectura que deben apropiar en las distintas áreas del conocimiento. 

Por otro lado, se hallan en un momento de transición académica que implica la culminación de unas etapas básicas y al tiempo las exigencias de las pruebas estandarizadas, el examen de admisión a la Universidad Nacional o las pruebas internas de la Universidad Pedagógica, entre otras.

Además, están en una edad donde la fragilidad emocional es creciente y la liquidez de sus relaciones sociales es patente, como lo afirma Bauman (2007), siendo vulnerables a todos los fenómenos degradantes que se relacionan con la virtualidad, las redes sociales y la fugacidad de la información.

No en vano, Chul-Han (2013) denuncia cómo la era digital nos conduce sin medida a la inevitable sociedad de la exposición, particularmente a los jóvenes estudiantes descritos antes, donde las barreras de la privacidad y los límites de la intimidad se desvanecen ante prácticas deleznables como el sexting, el ciberbullyng y otras que en casos más graves estimulan la trata de personas, el suicidio, la pornografía infantil y un sinnúmero de delitos.  

 ¿A dónde nos lleva este cuento? 

Desde lo anterior, el ejercicio pedagógico intenta desarrollar e incentivar la lectura-escritura a partir de tres aristas: la educación en medios de comunicación, la ampliación de la lectura-escritura desde múltiples tipos de texto (lineal, discontinuo, simultaneo y transmediático) y la producción audiovisual desde el sentido crítico. 

De acuerdo a ello, la propuesta apunta a generar transformaciones no sólo en los estudiantes implicados, sino en sus familias y en el conjunto de la sociedad, pues permite activar el pensamiento crítico, los diálogos entre:  escuela-mundo, adultos-jóvenes y academia-cultura popular; además de promover la idea de lo interdisciplinar y la necesidad de un currículo integrado.

¿Quiénes sustentan para aprender a mirar, narrar y producir? 

Al precisar conceptos teóricos y pedagógicos, anclados a la experiencia desarrollada y que fundamenta la formación de lectores y escritores en el ámbito digital, se puede afirmar que en el caso de Simone (2001), no es tan útil defender a ultranza el avance vertiginoso de las herramientas digitales y la conectividad, como tampoco lo es el sostener una actitud nostálgica de las antiguas formas de acceder al conocimiento.

No obstante, al lingüista italiano le preocupan los tiempos actuales donde se pierde sistemáticamente la potencia de la inteligencia secuencial, resguardo del conocimiento, pues advierte que la inteligencia simultánea, ejercida con toda la fuerza en el universo virtual, implica la fugacidad del saber y el desinterés por su almacenamiento en actividades fundamentales como la escritura. 

El autor advierte una tercera fase en el avance del conocimiento que sin duda debe equilibrar la escritura, la lectura y los medios digitales, sin perjuicio de menoscabar la capacidad del análisis y la memoria en la inevitable explosión informativa que golpea en todas las direcciones y formas.

En esa vía, esta experiencia media entre saberes letrados y no letrados, estos últimos presentes en las pantallas y las plataformas digitales, y que se diseminan con mayor velocidad entre los sujetos, como bien lo manifestó Barbero (2003), pero no por ello menos susceptibles de ser leídos, criticados y decantados. En otros términos, un diálogo de saberes que deviene de autores como Gramsci y Domenech (2017) y que se encauza en los discursos de la educación popular brasileña y latinoamericana, gestados en la obra de Freire (2005) y a su vez transferidos a la necesidad de ampliarse al mundo escolar, al académico y a las plataformas digitales que hibridan movimiento, sonido, imagen y texto en tiempo real. 

De ahí que sea irrefutable que las nuevas generaciones tengan cada vez más introyectada la virtualidad en su mundo físico y mental, como lo afirman Rueda y Quintana (2004), de forma que los aparatos y dispositivos que se adquieren con mayor facilidad y sin control alguno, se incorporan a los cuerpos y las existencias de los jóvenes, tanto en su cotidianidad personal como colectiva, derrotando al mundo adulto, sobre todo el referido a la escuela, en su tarea de apartar, demonizar o prohibir los artefactos tecnológicos.

Los autores son categóricos en denunciar la instrumentalización y mercantilización de las nuevas tecnologías, las cuales se encargan de aislar a niños y jóvenes de sus entornos afectivos, entretienen generando adicción, atomizan, deshumanizan y desconcentran de las labores académicas a los estudiantes que ya no pueden dejar de depender de móviles, tabletas o televisores.

A la vez, es clara la responsabilidad del Estado y la escuela, al no traducir y catalizar dicha oleada tecnológica que pudiera ser provechosa y no tan dañina como hasta ahora ha parecido ser. Es a fin de cuentas la anulación absoluta de una educación en medios que debe tratar tópicos fundamentales como el acceso a la información, las ideologías detrás de los contenidos en las plataformas, los componentes éticos de lo que se reproduce en las pantallas, entre otros.

Desde esta perspectiva, la legislación, las políticas públicas y la sociedad civil deben exigir como imperativo categórico el derecho a la comunicación que incorpore la educación en medios como ya se dijo, la responsabilidad social y legal de quienes administran y se lucran de la información que emiten, los limites ético-jurídicos de los contenidos y la participación de las facultades de comunicación social, la escuela y la pedagogía en torno a las formas de abordar, leer y reflexionar lo que ocurre en el mundo digital y audiovisual.

Sólo en la ejecución de tales estrategias políticas y sociales, podría darse la asimilación de esos nuevos saberes inentendibles para el mundo adulto que pueden colegir con las viejas formas de leer, sentir y conocer en aras de una postura crítica y emancipada como lo solicita Giroux (2003).

Es en esa vía que habrán de surgir no sólo consumidores críticos de medios, exigentes frente a lo que se ve en Internet, la televisión o el cine, sino también productores de nuevos contenidos que recreen escenarios cotidianos e inmediatos y, ante todo, el empoderamiento de ciudadanías digitales que en palabras de Bacher (2009), se responsabilizan frente a derechos humanos contemporáneos, relativos a la comunicación y la información.

En conclusión, la acción constante del Estado, la escuela y la sociedad para comprender y asumir la convergencia de todos los tipos de lectura y escritura de textos, mensajes y aparatos como lo avizoró Macluhan (1967), es primordial para el bienestar de niños y jóvenes. En contraposición a la tragedia actual en la cual la existencia de presentes y futuras generaciones se difumina en realidades oscuras e incontroladas, donde se agiganta el abismo entre conciencia y naturaleza.

Claves para convertir la palabra en imagen y la narración en cine 

Estableciendo la IAP (Investigación Acción Participación) como modelo de reflexión, intervención y trasformación de un contexto básico y particular del mundo escolar, desde los mismos estudiantes involucrados como sujetos analizados, pero también como sujetos-agentes de cambio; se ha venido logrando en esa transformación el implementar dinámicas de creatividad y propuesta, ante la necesidad de movilizar la lectura-escritura hacia las fronteras del universo digital y audiovisual, a partir de una conciencia crítica de la realidad.

Así, aunque es claro que esta experiencia pedagógica motiva a mirar la multiplicidad de textos existentes y las formas de leerlos, también es importante comprender los elementos estructurales y discursivos presentes en la oralidad, la crónica, la televisión, el cómic o el cine para producir una narración audiovisual. 

De esta forma, es fundamental acercar la historia de la comunicación, los usos del lenguaje, sus plataformas y significaciones: el grito, el papel, la piedra, la imprenta, la pintura, la película, entre otros. Asimismo, extender la estructura general de la narración de las perspectivas textuales a los géneros audiovisuales, pues los estudiantes deben comparar su función transversal para la elaboración de textos continuos y discontinuos. 

Al avanzar a la disposición de la imagen, sus formas e intenciones, el estudiante desentraña los imaginarios e ideologías en el comercial, el reality, la telenovela, el noticiero o el filme; siendo capaz de crear su relato audiovisual desde unas técnicas donde la palabra muta a la imagen mientras la cámara narra y describe. Finalmente, recopila información, graba, edita y presenta su producto final usando el teléfono móvil en las versiones de documental o ficción, originado en algún aspecto central de su realidad inmediata (consumo de SPA, acoso escolar, sexting, arte urbano, tribus urbanas, pandillas, entre otros.)

Fases para mirar, leer y producir 

La primera etapa del ejercicio consiste en sensibilizar al estudiante sobre los múltiples tipos de texto, sus combinaciones y las formas de leerlos, él está en condiciones de realizar reseñas analíticas estableciendo la estructura narrativa, elementos simbólicos, semánticos, discursivos e imaginarios de editoriales, crónicas, cómics, cuentos, comerciales, filmes, noticias de televisión, cortometrajes y vídeos musicales.

A partir de la comprensión de esos elementos y del debate sobre la historia de la comunicación y sus plataformas; redacta su narración en la que son imprescindibles los elementos estructurales que desveló en la primera etapa y que tienen en cuenta la discusión crítica sobre algún problema de la realidad inmediata.

Corregida y aprobada esta fase, construye su guion y la producción audiovisual donde el insumo principal es su relato en torno a un documental o una ficción para este fin, incluyendo el manejo de luces, los escenarios donde graba, las secuencias, los objetos, vestuarios, entre otros. Finalmente presenta su narración audiovisual con unos requerimientos técnicos mínimos de creatividad, imagen, sonido, edición e investigación.

Miradas y relatos 

Un ejemplo significativo que propende por integrar los tipos de texto que circulan en el entorno y las diversas formas de leerlos, demuestra que el estudiante encuentra elementos trasversales al abordar un tópico común como la historia de Blanca Nieves de los hermanos Grimm, que discurre entre las metáforas y la descripción aparentemente inocente de un mundo fantástico nacido en el texto literario, pero cambiante cuando se evidencia su origen en la fuente histórica documentada por Karlheinz Bartels, poniendo en discusión ante el lector la retórica narrativa en relación con los hechos reales que aparentemente alimentan el relato. 

De ese modo, surgen alternativas audiovisuales que combinan elementos narrativos clásicos, potenciadas con la fuerza de la música y el poder de las imágenes en la versión de Rammstein con el vídeo Sonne. En ese escenario, el estudiante será capaz de redactar su relato y enriquecerlo desde las premisas de la descripción, el tiempo, las acciones, los personajes y el uso de un discurso que puede llevarse a la imagen a través de una narración audiovisual.

A partir de la comprensión estilística y narrativa de géneros como el cuento, la crónica o el cómic y desde el análisis de formatos como el noticiero, el comercial o el vídeo; el estudiante tendrá la capacidad de combinar perspectivas creativas y construir una historia que se constituye en la maqueta de su producción audiovisual a partir del argumento, la riqueza literaria y la producción de imágenes. Así, su relato inicial se convertirá en el guion cinematográfico de su producto.

Leer es entender el mundo, escribir es transformarlo 

Siendo claro que una de las metas iniciales del ejercicio es la motivación de los estudiantes hacia la lectura voluntaria y teniendo en cuenta su sensibilidad casi natural frente a ciertos tipos de texto, plataformas y modalidades comunicativas, el proyecto favorece la articulación y síntesis de esas distintas perspectivas en las cuales es clave hallar los puntos de enlace semántico y la transversalidad en los modos de leer y escribir desde el lugar del nativo digital. 

En consecuencia, si la estructura elemental de la narración es base de cualquier texto y es análoga al cuento, la columna periodística, el comercial o el guion; sus elementos funcionales también lo son. Logrando hallar las conexiones entre la secuencialidad de la lectura-escritura alfabética y la simultaneidad del mundo digital, entendiendo que la palabra se hace imagen en el vídeo y la descripción literaria muta a planos, texturas y panorámicas en el cine. 

Asimismo, la meta más importante es adquirir la destreza de leer críticamente cada una de las formas del texto, desvelando sus intenciones e imaginarios, no sólo para producir otros nuevos y auténticos, sino para comprender y transformar la realidad. 

Por ejemplo, el estudiante comprende que la descripción de escenarios, sentimientos e incertidumbres, realizada por Aschenbach como personaje central de La muerte en Venecia, obra antológica de Mann; es el recurso del cual se vale el autor para recrear unas atmósferas que se hacen visibles en el filme del mismo nombre y tributo a la obra del escritor alemán, realizada por el cineasta italiano Luchino Visconti.

La música, las texturas ocres y el aspecto moribundo del protagonista asumen la potencia narrativa que Mann recrea en su obra y que simplemente se transfiere a los recursos audiovisuales que no minimizan las expectativas del lector-espectador en la literatura y el cine.  

Magia, magia: la realidad se hace palabra y se hace arte 

Uno de los logros más significativos se refiere a la sensibilidad que los estudiantes han adquirido para leer, mirar y discutir frente a los objetos, las imágenes y si se quiere los textos que les rodean, no sólo los que habitan los libros de texto, las bibliotecas, los portales de Internet o los canales de vídeo; sino los que circulan en los discursos de la calle, la familia, la escuela, el mundo adulto y que pertenecen a la realidad inmediata, incorporando a esta el teléfono móvil como herramienta de conexión y generación de pensamiento. Así lo visualiza un estudiante egresado de la promoción de 2017:

Descubrí que el celular no sólo servía para escuchar música o chatear, sino también para captar cosas negativas que nos ocurren a diario. De hecho, logré entender que la adicción el celular es destructiva como otras drogas, sin embargo, es posible controlar su uso (Jorge Aurelio, 2017).

De ahí que las consecuencias positivas no sólo se ven en su propia vida, sino en la forma que resuelven conflictos y en los resultados académicos de retos como las pruebas estandarizadas. 

En esa misma dirección, espacios como los Foros institucional y local han extendido invitaciones a los estudiantes para que presenten sus producciones y dentro de la jornada ha nacido la intención en otros docentes, de abrir un observatorio de medios que amplíe de forma transversal la lectura y la mirada crítica a los medios de comunicación, haciendo de esta un hecho vital. De ese modo lo refiere un estudiante autor y productor de su narración audiovisual:

He sido víctima de bullying y la producción que realicé cambió un poco la forma en la que se relacionaban conmigo, pues al verme en la pantalla mostrando mi dolor y mi molestia, mis compañeros empezaron a respetarme y a confirmar las consecuencias del acoso y el maltrato. (David Navia, 2018)

Otros también quieren contar 

Ante la necesidad de eliminar muros que separen discursos, ciencias y conocimientos es mejor edificar puentes que incluyan el diálogo de saberes constante entre lo que se considera letrado e iletrado, entre el docente y el estudiante o entre el mundo adulto y el juvenil, pues mientras esas viejas disputas se dan y se engrosan las caducas parcelas cognitivas, los estudiantes menos se interesan por leer lo que el docente pretende y más se exponen sin control a la “educación” que ejercen los medios, las plataformas y el creciente universo de la Internet. 

Es así que experiencias como estas se extienden de forma transversal a otras áreas y a los currículos de Ciencias Sociales y Humanas para integrar estrategias de comprensión y análisis no sólo por parte de los estudiantes, sino de los mismos docentes. De ese modo, el observatorio de medios liderado por los docentes de diversas áreas implica descubrir cómo los estudiantes entienden la información que allí circula para mejorar los procesos de lectura-escritura y también los de convivencia, ciudadanía y participación democrática, como lo manifiesta una de las docentes:

Es vital traer a la escuela las piezas comunicativas que los estudiantes consumen, pues sólo así tendrán herramientas críticas para defenderse ante los ataques o abusos que se presentan en formatos como el noticiero, la telenovela o el reality. (Claudia Corredor, 2019). 

Deconstruir los medios e Internet en la institución ha colaborado a reducir los efectos nefastos del sexting, el ciberacoso, entre otros. En esa medida, el proyecto trasciende los requerimientos netamente académicos, viaja hacia los confines del comportamiento y la convivencia estudiantil y se instala en nuevas intenciones pedagógicas y transformadoras, como lo refiere el coordinador de convivencia:

Entre todos debemos entender los códigos y formas que circulan por medios como Internet, pues muchas veces son formas de comunicarse que se relacionan con actitudes nocivas o el delito (Antonio Tibocha, 2019)

Dificultades

Sin embargo, el primer desafío fue hallar la desmotivación de los estudiantes ante la necesidad de leer, evidenciando el déficit de lectura que existe en el país, además que muchos estudiantes perciben la lectura como una obligación para acceder a buenas notas y resultados en pruebas internas o externas, confirmando que no es mayoritario el hábito, el placer y la naturalidad al leer. 

De ahí que crean, tanto ellos como muchos docentes, que la lectura es un ritual ejercido con materiales impresos, secuenciales, alfabéticos y en lugares puntuales como la biblioteca o el salón de clase, sin relacionarse con lo que se consume en plataformas o medios como Internet y la televisión. De otro lado, la pobre comprensión de realidades, problemas y tipos de texto impide el avance en los procesos de redacción, creación y producción, evidenciando que muchos estudiantes consumen pasivamente los diversos discursos que surgen en la escuela, los medios y el mundo adulto en general. En definitiva, ha sido un complejo proceso incentivar el uso del celular con fines académicos e investigativos, pues el imaginario de esta herramienta como mecanismo de aislamiento o distracción aún es muy potente.  

Reconocimiento, publicaciones y trayecto

Es importante resaltar que las experiencias de los estudiantes se trasladan a los resultados en las pruebas, como también a la exposición de trabajos en el foro local e institucional de los años 2016 y 2018, precisando que este proyecto deviene de otras experiencias afiliadas a Hermes (Proyecto de convivencia de la Cámara de Comercio de Bogotá), los incentivos INCITAR o el Plan para la Convivencia y la Ciudadanía.  

Del mismo modo este ejercicio ha servido para su publicación en la Revista Educación y Ciudad N° 28. Educación y otras narrativas en la escuela del IDEP (2015), como también en la Revista Desbordes N° 2 de la UNAD (2017).

Este trabajo también se ha presentado en encuentros internacionales como el IBERO 2017 en Morelia, México, y La II y III Bienal de Infancias y Juventudes en el 2016 y 2018, sin olvidar su socialización en las cátedras de imagen y cine de la Maestría en Estudios Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, encuentros promovidos por la Red de Investigación Educativa Chisua.

Y este cuento… va a seguir 

A modo de colofón, es pertinente afirmar que la mayor transformación en el aula de clase surge cuando se incentiva el diálogo de saberes y se integran formas de leer, escribir, interpretar y deconstruir los múltiples tipos de texto, implicando en ello mejorar las realidades hostiles de los estudiantes. 

De esa forma, al movilizar la lectura como un mecanismo vital, esta se extiende a todos los aspectos y espacios, se amplía a los medios de comunicación y la Internet, se ejerce desde los libros, la televisión o el teléfono móvil; incluye tratar situaciones graves que ocurren en el mundo virtual y que afectan a los estudiantes, además permite interpelar las ideologías, los discursos e imaginarios que circundan el mundo adulto, la familia, el Estado y los medios de comunicación. 

En esa medida, al enseñar esos valores, la lectura muta de ser una imposición escolar que sirve para ejercer el control y se convierte en la mayor acción de liberación y trasformación del mundo, siendo patente que el conocimiento ya no está resguardado en el cofre inexpugnable de la escuela, sino que se ha escapado de allí para viajar a todas partes a la espera de ser comprendido, organizado y utilizado de la mejor manera.

Los estudiantes egresados, entendieron que para lograr deconstruir los mensajes e intenciones implícitas y explícitas que se reproducen sin cesar en formatos como el noticiero, la telenovela, el reality, la serie e incluso las competiciones deportivas, primero había que asimilar nociones básicas de la lectura y el análisis textual en torno a elementos sintácticos, semánticos, discursivos y narrativos. Es decir, apelar al libro y a la secuencialidad para proceder en efecto, a la simultaneidad interactiva.

Finalmente, los estudiantes de grados inferiores han venido aceptando la potencia del teléfono móvil como objeto dinamizador del conocimiento. Más allá de su interpretación como juguete o distractor que los aísla de sus labores escolares, deteriora sus relaciones familiares, los somete a una grave adicción y enajena sin compasión, pues la riqueza de las realidades naturales es irremplazable.

Soy escritor profesional hace más de diez años y dentro de mis publicaciones se encuentran: El Ordenador Mágico, un cuento infantil y la novela corta; De Revoluciones y Amores. Además, he publicado artículos académicos de índole pedagógico, filosófico y cultural en diversas revistas y portales. De esta forma, desarrollo en este momento un proyecto editorial que posee como fin, incentivar procesos de lectura, producción textual y pensamiento creativo en niños y jóvenes de la ciudad de Bogotá.

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