Cadáver

Amantes desatados por Juan Pablo Goñi Capurro

—La mujer montó sobre la mesada, colocó un pie acá, y el otro, junto a la cocina. Bien adelante, para sostenerse con las manos casi contra la pared, las piernas abiertas, alzándose para que el tipo la pudiera penetrar.  Como hacía frío, tenían las hornallas prendidas, en un movimiento se le corrió el pie y se quemó. Ninguna tortura, se quemó sola.

—¿Y los signos de violación?

—Ahí mismo. Al quemarse la mujer se sacudió; una reacción de reflejos, lógica. El tipo no se dio cuenta, la tenía adentro. Forcejearon; él, creyendo que ella se excitaba, impulsó más fuerte. Debido a eso aparecen laceraciones en la zona, iba con fuerza y ella hizo movimientos sorprendentes.

—Es una interpretación de locos, Maswiz. De novela policial, parezco Watson escuchando a Sherlock Holmes, falta que aparezca un mono en la trama.

—Qué mono, ni mono. Todo concuerda. Fijate, está depilada por completo, como una nenita. Estaba preparada para el sexo, la mayoría tienen un cavado.

—Por favor, ahora la depilación es una prueba.

—Así se explica todo. En esos sacudones instintivos, se dio la cabeza con el extractor, por eso el golpe en la sien. Muerte accidental, más claro imposible.

—Lástima que no hay sangre en el extractor.

—La sangre salió después del golpe.

—¿Y los moretones en los brazos?

—Por la postura. El tipo la agarraba para embestir. No es la primera vez que una pose sexual termina en un caso mortal, como los que se ahogan con las bolsas jugando a eso que te corta la respiración.

—No quiero escuchar más, he oído cosas absurdas pero esto supera lo imaginable.

—¿Dónde follás, vos?

—Andá a la puta que te parió, Maswiz. 

—En la cama, como el misionero, seguro. Sos un aburrido, Olivera. Ni el Kamasutra leíste, me la juego. Ahora la gente busca otras motivaciones, le agrega pimienta al asunto.

—Yo no pienso firmar una muerte accidental.

—¿Quién te dijo que firmes muerte accidental? Eso corre por cuenta de la justicia, no de nosotros. Vos poné paro cardiorrespiratorio, todos se mueren porque se les detiene el corazón. Agregá traumático, si querés, para cubrirte.

—Yo ni siquiera tendría que estar acá.

—¿Y? Podés irte, llamo a otro.

—¿Qué tenés que ver con el asunto? Dame fuego.

—No fumes adentro, a Mariela no le gustaba.

—Mariela está muerta, ¿o eso también lo vas a poner en duda?

—Si fumás, vas a modificar la escena del crimen.

—¿No acabás de decirme que no era un crimen?

—Olivera, si hay olor a cigarrillo, puede entenderse que el tipo hizo algo en contra de la voluntad de ella. La familia va a poner un abogado, y van a traer amigas a declarar que no permitía que se fumara en la casa. 

—¿Van a poner un abogado y todavía me lo decís tan campante? Van a poner un abogado y querés que firme un certificado…

—Con los abogados no pasa nada, Olivera. Haceme caso, que sé cómo no levantar sospechas. Aguantate las ganas de fumar y esto pasa sin objeciones. No le compliquemos las cosas al pobre Arturo.

—¿Arturo? Me dijiste que Arturo no estaba cuando pasó, ¿era Arturo el violador?

—Ningún violador, cuidá lo que decís, sos médico, la gente le da importancia a lo que dice el médico. Decí: el amante. Y no, Arturo no era. Por eso estamos acá, para que se trate todo lo más rápido posible. Bastante tiene con enterarse de los cuernos, el pobre, como para que lo hagamos desfilar por los tribunales.

—Hay semen, Maswiz, hay ADN, Arturo no va a zafar.

—¡Te digo que no es Arturo! Y si hay semen, no hay violación. Los delincuentes se cuidan, se ponen forros para que no quede evidencia. Este era un amante, se ve que Mariela buscaba cosas que Arturo no le daba. Lógico, el pobre no está para gimnasias.

—Según tu reconstrucción del hecho, el tipo estaba parado, agarrándole los brazos. La que hacía gimnasia era ella.

—Olivera, Olivera, lo que te falta aprender. Si no tuviera la matrícula suspendida, firmaba yo mismo.

—He ahí el quid de la cuestión, no quiero que me suspendan.

—Listo, no se habla más, llamo a Mendizábal.

—¿Mendizábal? Es pediatra, no vio un muerto en su vida.

—Pero sabe lo que le conviene.

—¿Me estás amenazando?

—¿Tenés el número de Mendizábal?

—¿Me estás amenazando?

—Soltame el saco que después queda arrugado. ¿Qué te pasa? No te estoy amenazando. Imposible abrirle la cabeza a un fanático cerrado.

—Sigo sin entender qué tenés que ver con esto…

—Soy amigo de Arturo, ¿a quién iba a llamar? Siempre pensamos en los amigos primero. Por eso te llamé, porque pensé que eras amigo de él también.

—Lo soy, Maswiz, pero no quiero perder mi carrera por firmar una locura.

—¿Locura? Pario cardiorrespiratorio traumático, ¿dónde está la locura?

—¿Y si me piden que declare mi impresión?

—Nadie te va a pedir nada, eso te lo aseguro. Para eso están los peritos, olvidate. Vos firmás y te vas a tu casa, Arturo se está encargando de la policía. Como se va a encargar la semana próxima de las designaciones en el hospital.

—¿Qué tienen que ver las designaciones del hospital?

—¡Como te gusta cambiar de tema! Ahí tenés el certificado, ya lo redacté, firmalo y poné el sello. O no lo firmes y te vas, y vos no viste nada. Decidite, en cualquier momento llega la policía.

—Yo… tengo dudas.

—¿Quién fue perito policial por veinte años?, ¿quién sabe cómo se hacen estas cosas?

—¿Sabés qué? Me superaste Maswiz, me superaste. Te firmo y me voy a buscar a mi mujer, falta que no lleguemos al cine.

—Así me gusta, amigo. Gracias. Te acompaño hacia la puerta, ¿qué van a ver?

—Una comedia, no me acuerdo el nombre.

—Te va a venir bien reírte un rato. ¡Chau! Saludos a Pitina.

—Chau Maswiz, decile a Arturo que lo lamento.

Olivera se hubiera marchado; certificado en mano, Maswiz hubiera traído la ambulancia de la cochería y a esa hora la estarían velando. Pero Maswiz ha muerto tres meses atrás y Olivera está de paseo por Miami, comprando zapatillas baratas, dejándolo sin chances de evitar el cuarto enrejado y las esposas, donde Arturo aguarda un nuevo interrogatorio, recreando diálogos que evitan el triste final.

Autor argentino. Publicó: “Soltando la mano”, La Verónica Cartonera. España, 2020; “Cita en rojo”, 2020; “Visitas”, 2019; “El cadáver disfrazado”, Just Fiction, 2019; «Agosto», «Destino» y «Cabalgata» (Colección Breves), 2019; “La mano” y “A la vuelta del bar” 2017; “Bollos de papel” 2016;  “La puerta de Sierras Bayas”, USA  2014. “Mercancía sin retorno”, La Verónica Cartonera. “Alejandra” y “Amores, utopías y turbulencias”, 2002. Fue publicado en distintas en antologías y revistas de Hispanoamérica. Premio Novela Corta “La verónica Cartonera” (España), año 2019 y 2015.  Premio teatro mínimo “Rafael Guerrero”.  Colaborador en Sólo novela negra (relatos); Desafíos literarios.com (erótica).

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